martes, 1 de julio de 2014

La soltería como un estado permanente

Hoy tuve una reunión... desmotivante... pero en estos meses de soltería he encontrado maneras de pasarla muy bien conmigo misma así que me compré un delicioso helado y pensé comérmelo viendo fútbol o mirando a las personas pasar, pero cuando salí del lugar de helados escuché música en vivo y deambulé por el centro comercial hasta que encontré la fuente de la música. Mientras escuchaba llegó a mí, como un torrente de verdad, una epifanía bastante evidente y hasta sencilla: La soltería no es un estado temporal. Creo que las mujeres buscamos aprender a estar solas cuando no tenemos pareja y tan pronto como encontramos una, echamos todos nuestros aprendizajes por la borda porque estamos acompañadas.

Pero estar sola, en realidad, es un estado permanente. Más allá de novios, esposos, hijos y amigos. Hay una parte de libertad, de soledad y de autonomía que siempre debería pertenecernos -independientemente de nuestro estado civil-. La soltería es pues, algo que deberíamos practicar cada día. Aún en los días en que florece el amor más bello; porque el amor sólo puede volar con las alas de dos seres y no son los grilletes de dos almas.

Disfrutar nuestra soledad, nuestra libertad, nuestra autonomía es una de las sensaciones más gratificantes que yo haya descubierto. Pero como cualquier cosa en la vida, si se abandona... toma tiempo volver a ponerse en forma para saber a estar sólo. Mejor volverse un solitario de alto rendimiento... Se es más feliz y sobretodo se ama mejor... porque el temor a la soledad hace que los apegos se vuelvan dolorosos, enfermizos, agotadores.   

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