sábado, 22 de septiembre de 2012

Empiezo este diario con desazón. Con la certeza de saberme sola... sin él, ningún él. Con el temor de correr buscando brazos, algunos que me acojan... temor de detestar mi soledad, de no convivir con ella... certeza de deber hacerlo, de no querer estar con alguien más así, sin que nada pase conmigo. Empiezo a escribir en busca de un proyecto. Algo que hacer, un sentido. Más allá de mi trabajo... algo hacia adentro. Hacia adentro en un blog... sí, entiendo la ironía. Tal vez es una manera de no estar sola estándolo. ¿Pero qué nuevo proyecto? Un diario de lecturas y música suena interesante. También uno de lloriqueos y despecho. Porque lo voy a extrañar, porque lo amo... pero es un amor triste, de cortas alas, de desencuentros... un amor que no debe serlo. Un diario de conteo de sonrisas. Porque corro el peligro de no sonreir algunos días. Tan sólo alcanzo a intuir mi inmensa desolación... Un diario de fortaleza, de memoria. Que me ayude a recordar porque empezamos en primer lugar. Que esté como firme acompañante a lo largo del camino; que me espere en mi meta. La de no estar sola sin que pase algo. La de no estar sólo a la espera de alguien más... La de estar para SER distinta, para construirme... No en espera de, sino en realización de mi misma. Algunos indicadores de mi meta: Porque sólo sabré que lo estoy logrando si evalúo mi progreso: 1. No lo abandonaré: escribiré una notita diaria. 2. Seré honesta. (Y bueno, de ahí para allá, lo que salga). jaja, mi primera risa... me siento algo ridícula... pero algo hay que hacer, ¿no?

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